martes, 2 de diciembre de 2008

ENCANTO DE PUTA (Parte II)

Volteé a mirar y pude ver en el frontis de la "Bodega Joen", a Mao, quien cual mimo me llamaba haciendo reiteradas olas con sus largos y rogordetes brazos. Cerre la puerta desanimandome a subir al colectivo y me dirigí hacia aquella bodeguita. la Joen, la llamaban muchos universitarios. Era una bodeguita que quedaba a unos cuantos pasos de la facultad, tenia la apariencia de una sobria tienda de abarrotes, pero guardaba muy discretamente en su parte posterior la sucursal del vicio, donde muchos alumnos bajo cualquier pretexto ivan como inexpertos catadores a analizar la calidad del lúpulo de las cervezas que pedian una tras otra, hasta a hogarse enbriagados en sus heladas y espumosas botellas.
Al entrar en contacto con Mao, noté su avanzado estado etilico, me abrazó y bajando sus manos hasta mi trasero intentó levantarme, mientras yo oponia franca resistencia a sus vanos esfuerzos de quererme cargar en peso.
- Mi chooolo, cuanto estimo a mi chooolo - me decia.
Cuando logré por fin safarme, sentenció diciendo:
- ¡Ya basta, dejémonos de mariconadas!. Te llamé - me dijo -porque adentro hay tres deliciosos culos y sólo estamos Rigoberto y yo. Intentando dejar en claro algo, continuó - Dos de ellas son unas reverendas putas y una es, eso si, muy zanahoria, pasa. Sin darme tiempo a decir nada, me rodeó con su brazo el cuello y me llevó hacia el interior de aquella bodega
Al ingresar vi en una de las mesas a Rigoberto, acompañado de tres chicas, ellas estaban sentadas dando la espalda al ingreso de aquel lugar. Tenian muy bonita figura. Rigoabierto, como soliamos llamarlo en son de broma los amigos, al notar mi presencia se levantó al instante de su silla y me estrechó en un efusivo abrazo, presentandome una a una a las chicas que lo acompañaban.
- Lisi, Brenda y Sheyla -
No bien terminó de pronunciar éste último nombre, quedé extasiado admirando a esa hermosa chiquilla de pies acabeza, besé su tersa mejia y me sentí inmediatamente cargado de una atracción de fuego corriendome por las venas; su mirada me atrapó y fui por un instante rescatado con un gran palmazo en la espalda por Rigoberto, quien me invitó a sentarme al lado de ella.
Observé ligeramente a Lisi y a Brenda, estaban en igual condiciones de embriaguez que mis amigos. Para mi sorpresa, Sheyla acompañaba su sobriedad sólo con un vaso de agua mineral que incongruentemente degustaba con un cigarrillo, el cual fumaba pitillo a pitillo, con una sensualidad indescriptible, realzada aún más con su cruce de piernas perfectamente delineadas en ese dichoso Jin color blanco que vestia.
Rigoberto se habia convertido en un pulpo humano, recorriendo con sus tentáculos la anatomia de Brenda. Parecia un viajero sediento perdido en el desierto que habia encontrado en los labios de Brenda, el oasis justo para colmar su sed. El ambiente se tornó en todo un espectáculo en vivo de una sesión erótica, para los muchachos que departian en otras mesas vecinas. Sheyla, algo ruborizada por toda esa bochornosa escena, de cuando en cuando frenaba a su amiga con un - ¡Controlense muchachos!, todos nos están mirando.
Mao, algo más discreto, hablaba quedamente al oido de Lisi, mientras besaba y acariciaba su cabellera. Ella parecia disfrutar con cada susurro que éste le hacia al oido. Yo, intentando interrumpir también esa incomoda sesión erótica entre Rigoberto y Brenda, cogí la botella y vertiendo en mi vaso una pequeñisima cantidad de cerveza, dije:
- ¡Salud Rigo!, cogiendolo del brazo.
- Que imprudente eres Lucho, no vez que estoy ocupado, toma con Sheyla - y continuó con su acaramelada escena.
Sheyla sonrio, ante la respuesta que habia recibido de Rigo - Buen intento, dijo, pero lo que necesitamos para separar a ese sádico de mi amiga, (cogiendo una botella), es que le basees ésta cerveza helada en el cuerpo, para que se le quite la calentura. - Querras decir que les heche a ambos la cerveza helada, - le respondi - porque tú amiga nose queda atras, es más ya parece una tea humana. Llevando su dedo indice a sus labios y fijando su mirada en mis ojos , exclamó un ligero gemido, diciendo: ¡Uhmm, tienes razón!. Y juntos enpezamos areirnos de esa incomoda situación.

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